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21.10.11

Abusadores del tiempo

Hoy estuve haciendo cuentas del tiempo que pasamos juntos y creo que cometimos un abuso.
No es lo que crees, no me refiero a que fue demasiado. Me explico. Cuando nos conocimos la vida, dios, el destino o como quieras llamarlo, nos entregó un paquete que venía con las horas de vida que iba a tener esa amistad, claro que de nosotros dependía administrar ese tiempo. Pero resultó que somos malos administradores. Ahora que hago cuentas, esa amistad tenía el potencial de durar por años si nos despachábamos una o dos horas por día pero no sé que fuerza nos llevaba a estar juntos más tiempo.
Creo que, como siempre hemos sido pobres, cuando tuvimos esa riqueza en tiempo y en experiencias nos atascamos. Hicimos juntos todas esas cosas que no habíamos hecho con nadie más. Nos desvelamos tomando café en la cocina, hablamos de historias fantásticas, imaginamos el futuro tirados en la azotea, fantaseamos con ese tiempo lejano en el que nos sentaríamos en los restaurantes de la gente rica a pedir unos hot cakes y no nos los comeríamos, pensamos en el día en que tu máxima obra de este año se mostra al público, tomamos fotografías, nos reímos, nos cuidamos, nos queríamos.
Hicimos todo menos ahorrar el tiempo que teníamos juntos para que durara más tiempo. Nos pasamos el tiempo imaginando pero no quisimos arriesgarnos a imaginar más tiempo juntos, creíamos que con creer las cosas sucedían pero no quisimos hacer que sucedieran para nosotros.
No. No pienses que desvarío. sé bien lo que estoy haciendo. Tengo plena conciencia de lo que estoy diciendo. No pienses que me obsesiono y de una vez haz tu ego a un lado. Lo único que hago es evadir que en realidad nos cansamos uno del otro. Lo que estoy haciendo es crear una fantasía que a partir de hoy será mi realidad. Te la comparto.

8.5.11

Flaca, feliz cumpleaños.

Preciosa, ¿qué te digo que no sepas ya?
¡Ya sé! Te voy a contar una historia:

Un día, cuando yo era muy muy pequeña vi que mi mamá estaba muy gorda, recuerdo que vestía una blusa blanca muy delgada, muy bonita y su panza se veia redonda, muy redonda. Mi mamá me vió que la observaba, tomó mi mano y la puso sobre su panza y algo desde adentro me golpeó, ¡y lo volvió hacer!, yo estaba sorprendida, entonces ella me dijo que era un bebé. Eso me intrigó mucho. No pasó mucho tiempo cuando mi mamá desapareció de la casa.
¿Te acuerdas cuál era el cuarto de Paco? Pues en ese tiempo era el cuarto de mis papás. Un día por la mañana, mi papá nos dejó a Paco y a mi en ese cuarto, puso el burro de planchar enfrente del clóset y sobre él una pequeña televisión. Nos dijo que no tardaba mucho, que iba a por mi mamá. Nos quedamos en el cuarto viendo la televisión y de repente se me antojó bajar una cobija rosa que había arriba del clóset, sí, ahí en el lugar donde mi mamá ponía las toallas; como era muy intrépida, me subí al burro, pero lo pisé mal, justo en la parte superior donde el soporte es menor y mcomo era de esperarse me caí. La televisión estuvo a punto de caer al piso, pero Paco, así como era de sagaz la rescató. No muchas horas después abrieron la puerta.
Cuando me asomé, vi a mi mamá radiante, vestida con un pants y sin zapatos, se veía muy cansada, pero en su mirada había un algo de satisfacción, algo misterioso que, ahora de grande, sólo he visto cuando mis amigas tienen a sus bebés. En los brazos traía un pequeño bultito tapado con una cobija. Entró a su cuarto y se sentó en la cama, acomodó el bultito y nos llamó a Paco y a mi para ver lo que traía.
Yo había visto muchos muñecos, incluso tenía algunos a los que llamaba 'bebé' pero lo que me enseño mi mamá era más bonito, mamá dijo que era una niña: pequeña y redonda, con cachetes grandísimos y tan roja que parecía un jitomate, gesticulaba y amenazaba con llorar. Me acuerdo que mi mamá me dejó acariciarle sus manos y de repente la niña atrapó uno de mis dedos y no lo quería soltar. Esa bebé, que parecía muñeco con color de jitomate, eras tú. Eras muy bonita, tan tierna, tan indefensa que daban ganas de darte mucho mucho amor.
Así fue como entraste en mi vida, atrapandome un dedo.
Me acuerdo cuando me dijiste por primera vez 'baba', y cuando aventabas el biberón para escucharlo caer y decir 'a tototó', me acuerdo cuando bebé te enfermaste tan feo que mamá pensó que ibas a morir, fue todo un caos. También de cuando te visitieron de mariposa para la primavera, de cuando bailaste la danza de los viejitos, de cuando íbamos a la primaria juntas, de cuando llegó el chucho y te montabas en él, ¡de tantas y tantas cosas!
No supe en qué momento te hiciste grande, no me di cuenta de cuándo creciste, porque para mi, sigues siendo la niña.
No sabes, estando tan lejos lo mucho que te extraño. Ten la seguiridad que te amo hoy y siempre.
Feliz cumpleaños flaquita. No se te olvide que siempre voy a estar para ti.
Cuidate mucho y cuida por favor ese regalito, que dentro de poco será también un bultito que cambie la vida de alguien.

Te amo.

11.4.11

Del 96

Hoy pongo acá el borrador de un texto. Es a penas el comienzo de algo que quiero que crezca y que se va a editar para quitar pequeños errores.

Dice mi mamá que cada año íbamos a la feria. Yo no lo recuerdo porque en ese entonces era muy pequeña y mi memoria funciona de mis siete años a la fecha. En casa hay una foto en la que estoy sentada en ‘Kit, el auto increíble’ junto con mi hermano y mi papá, esa es la constancia de que, efectivamente, de pequeña visité la feria. Pero mi primer recuerdo de una visita es a los ocho años. Mis primas mayores fueron a pedir permiso a mi mamá ‘para llevar a la beba a la feria’, mi mamá les tenía mucha confianza y les dijo que sí. De inmediato mis primas me bañaron y me pusieron un vestido blanco con cerecitas, me hicieron dos coletas en el cabello que amarraron con unos listones rojos y partimos. Me acuerdo que el camino se me hizo eterno porque no sabía en dónde estaba, me sentía muy ansiosa, y por fin llegamos. Nada más recuerdo ver la pared café de la fachada, por aquel entonces todavía medía menos del metro con cincuenta así que yo entré gratis. Había mucha gente ahí. Todo mundo caminaba, se escuchaban risas de niños y grandes y de momento yo no entendía todo lo que pasaba. Una mano tomó la mía y empezamos la caminata. Recuerdo haber visto el letrero que anunciaba a un hombre lobo en el circo, también me acuerdo de haber visto un escenario en donde había unos muchachos tocando y mucha gente coreando las canciones. Mis primas se detenían donde podían y compraban muchas cosas, a mi se me antojó una manzana con caramelo que en cuanto la pedí me dijeron que no porque iba a ensuciar mi vestido. La verdad era que llevaban a la ’beba’ para apantallar a sus novios. Toda la tarde fui como un adorno, una extensión de mis primas que no podía ni pedir ir al baño porque seguramente habría una negativa. Pero ser un adorno no me impidió observar. Yo no sabía que justo ése día era especial. Antes de  las ocho de la noche, ya cansada y con ganas de volver a mi casa, toda la gente se empezó a reunir en la plaza del centro de la feria. Unos señores empezaron a subir por un poste altísimo y luego comenzó a escucharse la música de una flauta; ya cuando los hombres estuvieron en la punta del poste empezaron a volar. ¡Qué libertad debían sentir los señores! ¿Cómo le hacían para volar si no tenían alas como los pájaros? ¡Se van a estrellar en el piso! Me sentía maravillada y muy atraída por lo que estaba viendo. En realidad, no daba crédito porque yo sabía que los hombres no podían volar si no era en avión. Los señores que volaban, cuando estaban a punto de llegar al suelo se fueron incorporando hasta que lo primero que tocó tierra fueron sus pies, así evitaron un golpe fuerte. Se escucharon aplausos de todos los espectadores y después silencio. Unos minutos después algo estalló y en seguida algo más y después una serie de estallidos que no se detenían, yo no alcanzaba a ver lo que sucedía enfrente, pero arriba muchas luces de colores adornaban el cielo. Rojo, dorado, azul, verde, blanco, así se iban sucediendo los colores en el cielo, parecían otras estrellas unas más brillantes, con más vida que las blancas pálidas que normalmente nos vigilan. Algo me invadió, lo sentí entrar desde mi cabeza y recorrer cada parte de mi cuerpo para salir luego por la punta de los pies, después volvió a entrar. Me dieron unas ganas inmensas de reír y de saber qué era aquello. Le pedí al novio de una prima que me cargara. Me levantó por encima de su cabeza y pude ver, frente a mí, con esas mismas estrellas de colores, unas letras grandes que decían ‘FERIA LEON 96’.